Fundaci贸n Pedro Navalpotro

En la provincia de Cotopaxi, en la Sierra centro de Ecuador, una organizaci贸n de campesinas enfrenta el machismo en sus hogares y lucha por proteger las fuentes de agua

Lideresas de la OMICSE en un p谩ramo protegido de la Provincia de Cotopaxi (Ecuador).

Hace 40 a帽os, el r铆o Pucahuaico, que atraviesa la parroquia Toacaso, en la provincia de Cotopaxi, 100 kil贸metros al sur de Quito, era vivo y corrientoso. Hab铆a agua para todo, hasta para, seg煤n las costumbres de la justicia ind铆gena, aplicar ba帽os helados o hacer que nadaran contracorriente quienes hab铆an cometido alg煤n delito. Por esa 茅poca, la Uni贸n de Organizaciones Campesinas del Norte de Cotopaxi (Unocan), con el apoyo de CESA, una ONG local que promueve proyectos de desarrollo agrario y rural, empez贸 un plan de sembr铆o de pinos en los p谩ramos circundantes creyendo que hac铆an una gran obra de reforestaci贸n. 鈥淣osotras, bien convencidas, reun铆amos 400 personas y llev谩bamos hasta una banda de pueblo para sembrar pinos en minga [trabajo comunal]鈥, dice Yolanda Guam谩n, presidenta de la Organizaci贸n de Mujeres Ind铆genas y Campesinas Sembrando Esperanza (Omicse), 鈥渉asta que vimos que mientras m谩s crec铆an los 谩rboles, los ojos de agua que estaban cerca se iban secando鈥.

Hoy el r铆o est谩 casi muerto, apenas se alcanza a sacar algo de agua con un balde, agua que por lo dem谩s est谩 contaminada con ars茅nico y pesticidas que se aplican a las siembras de papas y habas que hay alrededor. Y los ojos de agua del p谩ramo se mantienen en peligro a medida que avanza la frontera agr铆cola. 鈥淧reocupadas por esto, nos preguntamos qu茅 podemos hacer como organizaci贸n de mujeres鈥, dice Guam谩n.

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La constituci贸n de la organizaci贸n de mujeres, que hoy cuenta con 800 miembros, fue el hito que posibilit贸 las acciones futuras. Hasta hace 39 a帽os, cuando se cre贸 la Omicse, la vida de ellas se restring铆a a las tareas del hogar y al trabajo duro en las mingas. Depend铆an de los esposos en el plano econ贸mico y tambi茅n para cualquier acci贸n cotidiana. En las asambleas comunitarias, donde se decid铆a el destino colectivo, ni siquiera ten铆an derecho a sentarse en una silla. Ellos arengaban sentados con comodidad y ellas, acomodadas en el piso, no pod铆an levantar la mano para dar una opini贸n. Crearon entonces su organizaci贸n juntando a mujeres de 21 comunidades de la parroquia, pero segu铆an bajo la tutela de la Unocan, la organizaci贸n matriz, y por lo tanto su libertad era restringida. Hasta que en 2006 obtuvieron su propia personer铆a jur铆dica y arrancaron un proceso que transform贸 las relaciones sociales.

Lo primero fue recibir talleres y capacitaciones sobre derechos colectivos y derechos de las mujeres para contrarrestar el maltrato intrafamiliar. 鈥淣osotros no sab铆amos de eso, pero las fundaciones que vinieron a darnos los talleres nos ayudaron a entender que los derechos son los mismos para hombres y mujeres鈥, dice Yolanda Guam谩n, 鈥測 lo importante es que las capacitaciones tambi茅n las recibieron nuestros maridos y nuestros hijos varones, y ah铆 se dio la comprensi贸n. Hoy las cosas han mejorado, no al 100%, pero s铆 puedo decir que en un 85% de los hogares ya no existe ese maltrato a la mujer鈥.

Tambi茅n gracias al apoyo de organizaciones de desarrollo pudieron arrancar proyectos productivos que les generaron autonom铆a econ贸mica. Los maridos, que en gran porcentaje han emigrado a otros cantones y ciudades del pa铆s para trabajar como estibadores, alba帽iles y jardineros, ten铆an el poder por llevar el salario a casa. Ahora ellas han sembrado huertos y criado cuyes y gallinas que luego de aprovecharlos para el consumo propio los venden en ferias y mercados.

Empezaron a sembrar seg煤n las costumbres de la zona, de manera convencional, aplicando agroqu铆micos. La misma Unocan instal贸 una gran tienda en la parroquia para venderles fertilizantes a los campesinos, pero algunos de ellos, principalmente mujeres, de a poco entendieron los perjuicios que eso trae para la salud y aprendieron de cultivos org谩nicos. Quieren incentivar a m谩s compa帽eras a que hagan lo mismo, sobre todo a las que mantienen monocultivos de papas, habas y mellocos, y a las que gozan de agua de riego y se interesan m谩s por criar vacas porque creen que la producci贸n de leche genera mejores ingresos. Pero es un espejismo. En muchos casos, los costos de producci贸n, sobre todo para alimentar a las vacas donde no hay suficiente pasto, supera las ganancias. 鈥淵 otro problema es que en esos terrenos dedicados para el ganado ya no siembran ni cebolla鈥, dice Guam谩n. 鈥淐obran la quincena de la leche, van al mercado y regresan con arroz, fideos y gaseosas. Seg煤n unos estudios que hicimos, hay m谩s desnutrici贸n en las comunidades donde se dedican a la producci贸n de leche que en las que mantienen al menos un huertito鈥. Ahora se esfuerzan porque cada mujer de la organizaci贸n tenga un peque帽o huerto en su casa para, al menos, producir alimentos sanos para su propia familia.

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El trabajo comunitario de base permiti贸 la reivindicaci贸n de sus derechos como mujeres y la conquista del espacio de opini贸n y gesti贸n que les correspond铆a pero que era vulnerado. El resultado fue la consecuci贸n de una independencia econ贸mica con base en la producci贸n de alimentos y el cuidado de la tierra, que obligadamente llev贸 a mirar d贸nde estaba el sustento que permit铆a ese ciclo virtuoso. El agua y el p谩ramo, entonces, se volvieron el objeto de sus preocupaciones y su compromiso.

Los p谩ramos de gran altitud de Ecuador, como los que circundan esta zona que tiene a los volcanes Cotopaxi e Ilinizas como centinelas, comprenden un ecosistema de humedales con una altura promedio de 3.300 metros sobre el nivel del mar que cubre el 7% de su territorio. El p谩ramo recolecta la lluvia y la humedad de las nubes, que luego se filtra a trav茅s de los suelos gracias a su estructura abierta y porosa y se libera en r铆os y arroyos, proporcionando hasta el 90% del agua potable en el pa铆s. El p谩ramo act煤a como un sumidero de carbono sumamente importante para ayudar a limitar el calentamiento global. Gracias a sus tierras de elevada altitud, las condiciones clim谩ticas frescas y h煤medas permiten que sus suelos volc谩nicos y h煤medos almacenen enormes cantidades de material org谩nico. Esto, junto con la vegetaci贸n de crecimiento alto, hace que el p谩ramo retenga m谩s carbono por hect谩rea que los bosques tropicales de tierras bajas.

En la provincia de Cotopaxi el p谩ramo abarca aproximadamente el 37% de su territorio, o sea, m谩s de 2000 kil贸metros cuadrados de superficie. Sus bondades, sin embargo, est谩n amenazadas desde hace algunos a帽os. Leonidas Iza, oriundo del sector de Toacazo y presidente de la Confederaci贸n de Nacionalidades Ind铆genas del Ecuador (Conaie), lleva a帽os denunciando el crecimiento de la frontera agr铆cola, la reforestaci贸n inapropiada y la contaminaci贸n de las aguas que atenta contra la conservaci贸n de los p谩ramos. Desde 2019, cuando fung铆a como presidente del Movimiento Ind铆gena y Campesino de Cotopaxi (Micc), Iza advert铆a que para que los due帽os de esas tierras no plantaran 谩rboles for谩neos o pusieran a pastar ganado, las instituciones del ramo, como el Ministerio de Ambiente y el Gobierno Provincial, deb铆an desarrollar planes integrales con alternativas econ贸micas como contraparte. En ese sentido, apuntaba dos asuntos medulares: la necesidad del cambio y control en el uso del suelo y de programas interinstitucionales que incentiven la decisi贸n de dejar de explotar los p谩ramos.

Lo primero pod铆a quedar en manos de la organizaci贸n comunitaria, que con base en el aprendizaje sobre la importancia de las fuentes de agua, dialogar铆an con los comuneros due帽os de tierras para invitarles a sumarse a su causa. Lo segundo entraba en las fangosas aguas de las pol铆ticas p煤blicas y los fondos para el desarrollo, es decir, tarea espinosa si no improbable.

De los 38 barrios y comunidades que tiene Toacaso, cuatro tienen acceso a extensiones considerables de p谩ramo: Cotopilal贸, Yugsiche Alto, Rasuyacu Chiguanto y Pilacumbi. Cotopilal贸 es la que m谩s superficie posee, alrededor de 6.000 hect谩reas que los comuneros compraron hace d茅cadas a la curia de Cotopaxi. Las lotizaron, varios due帽os adquirieron su propiedad y, en la mitad de esa superficie, dejaron avanzar la frontera agr铆cola (pasto para ganado, bosques de pinos). La mitad restante, 3.000 hect谩reas, se ha puesto en resguardo gracias al trabajo de las mujeres de la Omicse.

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鈥淐onozco bien los p谩ramos de la provincia de Cotopaxi y puedo decir que en un 80% est谩n degradados鈥, dice Washington Pruna, ingeniero forestal y consultor independiente que ha trabajado con las comunidades de Toacaso. 鈥淟a cobertura vegetal tiene m谩ximo 20 cent铆metros de altura y ya no cumple con la funci贸n del p谩ramo. Por eso es importante el trabajo que ha hecho la organizaci贸n de mujeres. Han incentivado a que se declaren 谩reas de protecci贸n, que se defina la frontera agr铆cola y se reduzca la carga animal en los p谩ramos鈥.

El esfuerzo, sin embargo, no ha estado exento de inconvenientes. 鈥淗ay bastante dificultad con los due帽os de los p谩ramos鈥, explica Guam谩n, 鈥減orque ellos dicen que no puede venir ninguna instituci贸n a decir que no pueden trabajar en sus terrenos鈥. Seg煤n explica, con la ayuda de CARE, una organizaci贸n de desarrollo que trabaja preponderantemente con mujeres, han sembrado plantas nativas en espacios con agua. Adem谩s, con el Gobierno provincial, se ha planteado hacer cercas alrededor de los ojos de agua para evitar que se acerquen los animales, pero los due帽os de los terrenos piden que se pague por el uso de esos espacios. 鈥淣osotros entendemos eso, pero les hemos dicho que si no cuidamos esos p谩ramos, a lo mucho en 10 a帽os vamos a tener una guerra por el agua鈥, afirma la presidenta de Omicse.

Como una medida compensatoria moment谩nea e insatisfactoria, CARE ofreci贸 plantas para hacer cercas vivas y delimitar el espacio explotado del que se quiere conservar. Para el primero, entreg贸 pastos para que ah铆 se concentre la crianza del ganado, lo que lamentablemente ha acentuado la degradaci贸n del suelo en esa franja.

Para llegar a los p谩ramos de la comunidad Cotopilal贸, se toma un camino estrecho y agrietado que exige tracci贸n 4×4. 40 minutos cuesta arriba atravesando extensos campos de papas y habas de producci贸n convencional, antes de adentrarse en el tramo final, entre nubes espesas que se distienden de a poco, se ve un costado del Iliniza sur. M谩s que fr铆o hay un viento fresco que zumba el pajonal y los matorrales de alverjilla, una planta medicinal que las mujeres que han venido a esta visita, algunas por primera vez hasta estas alturas, recogen para llevar a casa y tratar algunas inflamaciones. Bordeando la carretera que nos trajo hasta aqu铆 hay una acequia que conduce el agua de estos p谩ramos hasta un reservorio que a la vez la distribuye con tuber铆as a las comunidades m谩s cercanas.

Lo que est谩 bajo nuestros pies es el p谩ramo protegido. El colch贸n de plantas r铆gidas y formas sim茅tricas se siente mojado, y el pajonal alcanza un metro de altura, se帽al de salud y regeneraci贸n. Antes, ah铆 pastaban vacas y toros bravos. Luego los due帽os vendieron el ganado y trajeron llamas, que m谩s tarde tambi茅n fueron vendidas porque ya no las pod铆an mantener. Adem谩s, llegaban cazadores que prend铆an fuego a los pajonales para que los conejos salieran despavoridos y quedaran como presas f谩ciles. En ocasiones, el fuego no se pod铆a controlar y se incendiaba la monta帽a. Solo cuando se prohibi贸 la cacer铆a y se sac贸 a los animales, el ecosistema se regener贸. 鈥淓l suelo de p谩ramo es extremadamente sensible鈥, dice el ingeniero Pruna. 鈥淭ransformado para agricultura, m谩ximo llegar谩 a ser productivo durante seis o siete a帽os, y como luego de eso quedar谩 erosionado, se querr谩 seguir ampliando la frontera agr铆cola. Recuperar la fertilidad de esos suelos es costoso y lleva mucho tiempo reavivar la actividad microbiol贸gica toma entre tres y cuatro a帽os鈥, a帽ade.

Esta planicie toma una pendiente poco pronunciada que termina en una quebrada, frente a la cual se extiende un bosque de pinos en pie junto a otros ca铆dos en un terreno descuidado, unas cuatro hect谩reas con el suelo empobrecido. Quienes los sembraron llegaron caminando a esa elevaci贸n de dif铆cil acceso. Para sacarlos deber谩n abrir un camino que herir谩 la monta帽a. Son las dos caras del p谩ramo: la conservada y la que no deja de explotarse.

En contraparte, las virtudes de estos p谩ramos protegidos son varias y notorias, como explica el ingeniero Pruna: 鈥淭odo este sector se ha recuperado en un 95% con plantas propias de la zona. A mayor altura de las plantas, mayor cobertura en el suelo, lo cual hace que la evaporaci贸n de agua del suelo sea menor, y tambi茅n la evapotranspiraci贸n de las plantas, porque se protegen entre ellas, por lo tanto, el almacenamiento de agua en general es mayor鈥. Por el contrario, los suelos con poca cobertura vegetal por efecto de la deforestaci贸n, que adem谩s est谩n rotos y degradados por el constante pisoteo del ganado, permiten mayor evaporaci贸n y p茅rdida de agua.

La organizaci贸n comunitaria ha logrado mitigar lo que podr铆a ser una afectaci贸n a煤n mayor para los p谩ramos de Cotopaxi, pero todav铆a queda abierta la lucha por la creaci贸n de pol铆ticas p煤blicas y herramientas de desarrollo pertinentes que refuercen esa conquista. 鈥淓l trabajo de la organizaci贸n de mujeres es ejemplar porque han hecho gesti贸n desde la comunidad, pero hacen falta pol铆ticas de compensaci贸n pensadas desde el gobierno central y los gobiernos locales, pero que tambi茅n incluya a todos los actores, comuneros, empresas locales, oeneg茅s鈥, a帽ade Pruna. 鈥淪i eso no se logra, no se va a lograr lo que es m谩s importante: la producci贸n de alimentos y la generaci贸n de recursos econ贸micos鈥.

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