Fundación Pedro Navalpotro

No es la primera vez que las costas españolas se ven afectadas por la contaminación por pélets. Un ejemplo es la playa de La Pineda, en Tarragona, que lleva años contaminada con bolitas de plástico, producto de las pérdidas de las industrias petroquímicas cercanas que las corrientes marinas arrastran hasta la playa.

El temporal Gloria de 2020 también dejó la playa de Barcelona repleta de pélets, entre otros microplásticos de distinta índole.

Pero son solo la punta de un iceberg: el de la contaminación por plástico de playas y océanos. Más de 12 millones de toneladas de desechos plásticos ingresan a los océanos cada año.

𝐋𝐢𝐦𝐩𝐢𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐦𝐚𝐫 𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐛𝐚𝐫𝐫𝐞𝐫 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐝𝐞𝐬𝐢𝐞𝐫𝐭𝐨

Limpiar el mar de microplásticos es como barrer en el desierto. Las bolitas se esparcen por todos lados y no se pueden retirar fácilmente con redes, ya que se arrastrarían también organismos de ese tamaño, claves para el correcto funcionamiento del ecosistema marino.

Limpiar la arena tampoco es fácil. Se puede tamizar y separar los pélets si son de mayor tamaño que los granos de arena, pero ante tales cantidades el trabajo es muy tedioso y puede llevar años.

Y nadie nos asegura que no sigan llegando más y haya que volver a empezar el proceso como si de un castigo de los dioses griegos se tratara.

Nada menos que 28 toneladas de bolitas de plástico o pélets se vertieron al mar el 8 de diciembre tras el accidente del barco carguero Toconao. Las autoridades no le dieron la importancia necesaria hasta que llegaron a playas de Galicia y Asturias.

El plástico que se vierte al mar en forma de pélets o de otro tipo tiene múltiples consecuencias nocivas para los organismos marinos que en última instancia pueden afectarnos a nosotros. Si este plástico es de menos de 5 mm (microplástico), las consecuencias son aún más graves.

La consecuencia más evidente es la ingestión de estos microplásticos por parte de los animales marinos. Algunos que los ingieren acaban muriendo con su estómago lleno de plástico y otros, aunque no mueran, ven afectado su crecimiento y reproducción. Algunos de estos animales son especies comerciales por lo que el plástico o sus productos de degradación pueden llegar hasta nosotros.

𝐋𝐨𝐬 𝐚𝐧𝐢𝐦𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐦𝐚𝐫𝐢𝐧𝐨𝐬 𝐩𝐫𝐞𝐟𝐢𝐞𝐫𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐩𝐥á𝐬𝐭𝐢𝐜𝐨 𝐜𝐨𝐥𝐨𝐧𝐢𝐳𝐚𝐝𝐨

El plástico empieza a ser “colonizado” en cuanto llega al mar. Diversos microorganismos como bacterias, algas microscópicas, hongos, etc., se adhieren a la superficie del plástico liberando exudados que atraen a otros microorganismos y forman en conjunto una película, un biofilm.

El plástico colonizado es más atractivo para muchas especies de animales marinos, que lo prefieren al plástico sin colonizar.

Sucede que las aguas de la costa gallega son muy ricas en nutrientes, lo que las convierte en una zona pesquera tan productiva. Cuánta más concentración de nutrientes tengan las aguas de la superficie, más vida habrá y los microorganismos formarán con más rapidez un biofilm sobre el plástico flotante.

Teniendo en cuenta el tiempo que los plásticos del vertido del Toconao llevan flotando en las ricas aguas gallegas, deben estar ya colonizados y se han hecho más apetecibles para los animales marinos.

Algunos de los colonos del plástico flotante a menudo son especies invasoras y patógenas. Y el plástico sirve de vehículo para transportarlas de unas regiones a otras del océano. Las nuevas especies pueden causar desequilibro allí donde lleguen.

𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐮𝐧 𝟔𝟎 % 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐞𝐬𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐥á𝐬𝐭𝐢𝐜𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞𝐧 𝐬𝐞𝐫 𝐚𝐝𝐢𝐭𝐢𝐯𝐨𝐬 𝐪𝐮í𝐦𝐢𝐜𝐨𝐬

Pero hay otros efectos del plástico que son menos evidentes. El plástico no suele ser nunca un polímero puro sino que lleva aditivos (retardantes de llama, antioxidantes, estabilizantes, etc.) que le proporcionan las cualidades requeridas para su uso.

Hasta un 60 % del peso del plástico pueden ser aditivos químicos. Una vez en el mar, empieza a liberar aditivos o subproductos de degradación, proceso que se potencia si está afectado por la luz solar.

Nuestro grupo de investigación del Instituto de Ciencias del Mar-CSIC ha calculado que anualmente se liberan unas 57 000 toneladas de carbono orgánico, en forma disuelta, de todo el plástico que llega al océano.

Parte de este carbono es consumido y degradado por las bacterias marinas, y descubrimos que este aporte hace que se reproduzcan más rápidamente.

Los compuestos liberados por el plástico afectan a otros muchos organismos marinos. Por ejemplo, disminuyen la capacidad de crecimiento de los organismos fotosintéticos más abundantes en la Tierra, parte fundamental del fitoplacton marino. La exposición a los compuestos liberados del plástico reduce su producción de oxígeno.

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